Cuando frente a mí sólo queda la desnudez misma de mi piel, pienso en ti y en el recorrer animado pero penoso de tus manos sobre mí.

Nos recuerdo juntos con inocencia incendiando infiernos en el paraíso y ¡quién lo diría! Un par de lejanos seres amándose a pesar de pronósticos, volviendo hoguera una habitación, una cama, unas sábanas; haciéndose suyos por primera vez con temor y ganas a punto de desvirgar sus deseos para por fin ser palpables en el sexo, la pasión.

Fue entonces como con rapidez y nervios, se fundieron en un movimiento, se entregaron al otro como última puntada pero inicial de su amor; de su eternidad próxima tomada de la mano construyéndose futuro.